Plasencia, ciudad extremeña que no pasa desapercibida

Cuando hablamos de Extremadura, las grandes ciudades a visitar siempre son las mismas: Mérida, Cáceres y Badajoz. Todas ellas con un encanto increíble y difícilmente superable, pero… con ciudades cercanas, que para nada pasan desapercibidas.

Y una de ellas, es Plasencia.

Plasencia está localizada a poco más de sesenta kilómetros de la ciudad de Cáceres, en dirección Salamanca y que hoy día es todo un punto intermedio entre ambas provincias, lugar de vacaciones para muchos residentes en otras comunidades cercanas -como la Comunidad de Madrid-, y que a grandes rasgos, tiene un gran surtido de opciones que la catalogan, como toda una ciudad  moderna y antigua.

De cara a su parte más histórica, a lo largo del centro encontramos las archiconocidas catedrales, divididas en la Catedral Nueva, y la Catedral Vieja. Ambas tienen muchísima historia encima y datan de demasiados siglos de antigüedad. Y es que, gracias a una restauración muy minuciosa y un cuidado excelente, podemos darnos un paseo por sus alrededores y sentir que viajamos en el tiempo. Nada tiene que envidiar a la zona antigua de su hermana mayor, Cáceres.

Además de estos grandes monumentos, en la zona norte de la ciudad encontramos los Arcos de San Antón, que actualmente tienes en pantalla. Construidos en el siglo XVI, en su época era una auténtica autopista de agua. A pesar de su edad, pocos arcos han sido restaurados, y gran parte de ellos están tal y como se construyeron.

Dejando a un lado la zona histórica, está claro que Plasencia también tiene numerosos puntos de turismo y ocio. Cuenta con parques enormes como El Parque de los Pinos, que constituye la mayor zona verde de la ciudad, y formada por miles de aves, algunas de ellas en peligro de extinción. Todo un monumento verde.

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