Gijón, el encanto de Asturias

¿Sabíais que los romanos estuvieron en Gijón?. Claro, esto fue ya hace cientos de años, porque si llegan a aparecer ahora, no habría quien los echara. Y es que Gijón es una de esas ciudades que te animan, la verdad. Un lugar para venir unos días y desconectar de todo. De todo menos de Gijón, claro. ¿Sabéis porqué?.

Por su dinamismo, su modernidad, su centro histórico, sus sidrerías, su vida nocturna, sus atardeceres en el puerto… No seguimos que les da a los romanos por volver, seguro.

Gijón te anima desde Cimadevilla, su antiguo barrio de pescadores. Aquí, precisamente aquí es por donde merodearon los romanos. Desde entonces se han construido casas nobiliarias, pequeños palacios, callejuelas, plazas recoletas e incluso una escultura que no deja a nadie indiferente, el Elogio del Horizonte, de Chillida.

Desde aquella zona vamos bajando por la ciudad, atravesando la Fábrica de Tabacos (no literalmente, claro), para llegar a la Plaza Mayor, enorme y distinguida, con el Ayuntamiento como actor estelar. Desde esta plaza ya se percibe la cercana brisa del mar. Pero antes, seguimos callejeando…

Porque nos espera la Plaza de Jovellanos y su museo, la casa natal del ilustre pensador, uno de esos lugares que todas las guías de viaje marcan como imprescindible. Pero en esta nuestra guía os seguimos invitando a callejear, a respirar Gijón, a buscar el Palacio Valdés y las termas romanas. Sí, romanas, ¿os hemos dicho que por aquí estuvieron los romanos?.

Pues sí que estuvieron, y estos vestigios así lo atestiguan desde el siglo I. Tanto es así que otra de esas visitas que se tornan imprescindibles es el Museo de las Termas Romanas.

Como quien no quiere la cosa ya hemos recorrido un buen trecho de Gijón. Pero hay más… Hay, por ejemplo, un Palacio de Revillagigedo, posiblemente de los edificios más bonitos de la ciudad, y una Iglesia de San Juan Bautista, y la silueta frente al mar de la de San Pedro, y los Jardines de la Reina, y la Torre de la Trinidad, que hoy albergan el Museo Barjola, o la Universidad Laboral…

Y siempre, siempre, siempre, el olor de la brisa del mar de fondo. ¿Alguna vez habéis sentido el sabor de la brisa del mar?. En Gijón se cuela por los callejones, como si nos buscara y nos quisiera coger de la mano para llevarnos hasta el puerto deportivo o la Playa de San Lorenzo. ¿Será que no querrá que nos perdamos el atardecer de Gijón?.

No me digáis que los romanos no volverían encantados a Gijón, ¿verdad?.

Foto Vía Max Álvarez

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